miércoles, 18 de noviembre de 2009

La cuidad de Roma: sus siete colinas


Las siete colinas de Roma son una serie de promontorios que históricamente han formado el corazón de la ciudad de Roma. Situadas al este del río Tíber, este conjunto geográfico ha protagonizado numerosísimos pasajes literarios y son una referencia muchas veces repetida en la cultura popular.
Las siete colinas de la Roma antigua eran:


• el monte Aventino (Collis Aventinus), (47 metros de alto).
• el Capitolino (Capitolinus, que tenía dos crestas: el Arx y el Capitolium), (50 metros de alto).
• el Celio (Caelius, cuya extensión oriental se llamaba Caeliolus), (50 metros de alto).
• el Esquilino (Esquilinus, que tenía tres cimas: el Cispius, el Fagutalis y el Oppius), (64 metros de alto).
• el monte Palatino (Collis Palatinus, cuyas tres cimas eran: el Cermalus o Germalus, el Palatium y el Velia), (51 metros de alto).
• el Quirinal (Quirinalis, que tenía tres picos: el Latiaris, el Mucialis o Sanqualis, y el Salutaris), (61 metros de alto).
• el Virinal (Viminalis), (60 metros de alto).

Estas siete colinas figuran de forma prominente en la mitología romana, su religión y su política; tradicionalmente, se cree que la ciudad original fue fundada por Rómulo y Remo sobre el monte Palatino (Collis Palatinus). Las primitivas siete colinas eran: Cermalus, Palatium, Velia, picos del monte Palatino, Cispius, fagulatis picos del monte Esquilino, y Sucusa.



Inicial y tradicionalmente, las siete colinas fueron ocupadas por pequeños asentamientos que se agruparon y formaron una ciudad conocida como «Roma». Los ciudadanos de las siete colinas comenzaron a participar en una serie de juegos religiosos que comenzaron a unir a los grupos. La ciudad de Roma nació por tanto una vez que los asentamientos comenzaron a actuar como grupo, drenando los valles pantanosos que los separaban y convirtiéndolos en mercados y foros.

La cronología de Roma III: el Imperio


La cronología de Roma (III): El Imperio

El vencedor ulterior de todas estas guerras civiles que se sucedieron durante la República, César Augusto, abolirá de facto la república y consolidará un gobierno unipersonal y centralizado de todo el territorio, conocido como Imperio Romano. A partir de este momento, la estabilidad política del imperio quedará ligada al carácter de los emperadores que sucederán a Augusto, alternándose los periodos de paz y prosperidad con las épocas de crisis.

Augusto, que inaugura la dinastía Julio-Claudia, representa el periodo de máximo esplendor del imperio. A esta dinastía, terminada en el año 68 por el infausto Nerón le seguirá el periodo de inestabilidad conocido como el año de los cuatro emperadores, donde se impondrá Vespasiano, que inaugurará la dinastía Flavia, de origen no patricio. Les seguirán del año 96 al 180 los llamados "cinco emperadores buenos" (Nerva, Trajano, Adriano, Antonino Pío y Marco Aurelio),
en la considerada "edad de plata" del Imperio.

Septimio Severo comienza el periodo de monarquía militar, y el fin de su estirpe llevará al periodo conocido como anarquía militar, que se prolonga durante el resto del siglo III, hasta la llegada de Diocleciano, un largo periodo de luchas intestinas por el poder donde los emperadores, nombrados por sus legiones, se suceden ininterrumpidamente.





El Imperio Romano en su máxima extensión, durante el reinado de Trajano (hacia el 117)










Caída del imperio:


Diocleciano (284 - 305) emprenderá una gran reorganización del Imperio, instituyendo la Tetrarquía. Su sucesor Constantino I el Grande será el último emperador del imperio unificado. Poco después, el emperador Teodosio divide el Imperio entre sus dos hijos, Arcadio y Honorio. Éste se dividiría en el Imperio Romano de Oriente —con sede en Constantinopla— e Imperio Romano de Occidente.

El Imperio Romano de Oriente fue muy rico y avanzado culturalmente y sobrevivió durante aproximadamente mil años más.

Constantino también institucionalizará el cristianismo, al hacerlo religión oficial del Imperio.

Las invasiones bárbaras pondrán la puntilla a un moribundo Imperio Occidental, dando paso a la Edad Media. El último emperador de Occidente, Rómulo Augústulo, será depuesto en el 476 por Odoacro, un godo. El Imperio de Oriente (Posteriormente denominado Imperio Bizantino por el historiador Hieronymus Wolf en el siglo XVI) proseguirá su existencia hasta la caída de Constantinopla en el año 1453.

El imperio romano:

la cronología de Roma II: La República (509-27 a.C.)


La República romana fue un periodo de la historia de Roma caracterizado por el régimen republicano como forma de gobierno, que se extiende desde el 509 a. C., cuando se puso fin a la monarquía con la expulsión del último rey, Lucio Tarquino el Soberbio, hasta el 27 a. C., fecha en que tuvo su inicio el Imperio. La República Romana consolidó su poder en el centro de Italia durante elsiglo V a. C. y en los siglos IV y III a. C. se impuso como potencia dominante de la península Itálica sometiendo a los demás pueblos de la región y enfrentándose a las polis griegas del sur. En la segunda mitad del siglo III a. C. proyectó su poder fuera de Italia, lo que la llevó a una serie de enfrentamientos con las otras grandes potencias del Mediterráneo, en los que derrotó a Cartago y Macedonia, anexionándose sus territorios. Se divide en tres fases:

República temprana

Antes de la llegada de la República, Roma era una monarquía de carácter electivo. El séptimo y último rey de Roma, Tarquinio el Soberbio, utilizó la violencia, el asesinato y el terror para mantener el control sobre Roma como ningún rey anterior los había utilizado, derogando incluso muchas reformas constitucionales que habían establecido sus predecesores.

El punto crucial de su tiránico reinado sucedió cuando permitió que su hijo, Sexto, violara a Lucrecia, una patricia romana. Un pariente de Lucrecia, Lucio Junio Bruto, convocó al Senado, que decidió la expulsión de Tarquinio en el año 510 a. C.

Inmediatamente después de la expulsión del monarca se creó un Senado permanente que decidió abolir la monarquía convirtiendo a Roma en una república en el año 509 a. C. Roma se dotó con un nuevo sistema de gobierno designando para sustituir el liderazgo de los reyes. Se creó el nuevo cargo de Cónsul, asignado expresamente a dos senadores. Inicialmente, los cónsules poseían todos los poderes que antaño tenía el rey, pero compartidos con otro colega consular. Sus mandatos eran anuales, y cada cónsul podía vetar las actuaciones o decisiones de su colega.

Posteriormente los poderes de los cónsules fueron divididos, añadiendo nuevas magistraturas que acapararon distintos poderes, menores a los que originalmente poseía el monarca. Las primeras de estas nuevas magistraturas fueron las de pretor, que reunía las potestades judiciales de los cónsules, y la de censor, que poseía el poder de controlar el censo. Lucio Junio Bruto y Lucio Tarquinio Colatino, sobrino de Tarquinio y viudo de Lucrecia, se convirtieron en los primeros cónsules del nuevo gobierno de Roma.

La República nació en el año 504 a. C. con la expulsión del monarca de Roma, después de que el poder de los etruscos se debilitara. Los primeros siglos de la República vieron la progresiva conquista de la Italia peninsular por parte de Roma.

República Romana media

A partir de mediados del siglo III a. C., Roma, que ya dominaba toda la Italia peninsular, inició una larguísima serie de guerras que la llevaron a dominar el mundo mediterráneo. Las Guerras Púnicas marcaron la primera etapa de esta expansión. La ciudad de Cartago, situada en la costa norteafricana, había creado un imperio marítimo que dominaba todo el Mediterráneo occidental, con colonias en Hispania, Baleares y Sicilia, de donde llegó a expulsar a los griegos.

En 264 a. C., Roma decidió ocupar las colonias cartaginesas en Sicilia. La Segunda Guerra Púnica (218-201 a. C.) se desarrolló en Hispania, Italia, y finalmente en África. Finalmente, Cartago fue derrotada totalmente, primero política (201 a. C.) y más tarde materialmente (146 a. C.). Su población fue exterminada o esclavizada y su territorio pasó a convertirse en la provincia romana de África.

En el Mediterráneo oriental, Roma se enfrentó sucesivamente a los monarcas de los estados helenos surgidos del imperio de Alejandro Magno.

Pero las conquistas trastocaron también el frágil equilibrio social de la República: los esclavos, cada vez más numerosos, se rebelaron encabezados por Espartaco (73-74 a. C.).

La República Romana tardía (147 a. C. – 27 a. C.)

La inestabilidad social debida a los cambios en la estructura social de la República se tradujo en una época de guerras civiles que desembocaron en el fin del propio sistema político y en el Principado. Tanto Tiberio como Cayo Sempronio Graco intentaron reconstruir en vano una clase media de campesinos. La plebe de Roma apoyó a varios personajes que obtuvieron una posición privilegiada por la fuerza; como Mario, que reformó el ejército, o Sila que, tras la guerra contra los aliados italianos que se habían rebelado, otorgó a todos los italianos la ciudadanía romana y restauró durante un tiempo la autoridad del Senado.

Aqui tenemos un video que nos muestra el fin de la Républica Romana:

La cronología de Roma I: La Monarquía (753a.C.-509 a.C.)

La Monarquía
(753aC-509aC)

Características de la monarquía romana:

Antes de la etapa republicana o imperial, Roma fue una monarquía gobernada por reyes (en latín, rex, pl. reges). Todos los reyes, excepto Rómulo por haber sido el fundador de la ciudad, fueron elegidos por la gente de Roma para gobernar de forma vitalicia, y ninguno de ellos usó la fuerza militar para acceder al trono. Aunque no hay referencias sobre la línea hereditaria de los primeros cuatro reyes, a partir del quinto rey, Tarquinio Prisco, la línea de sucesión fluía a través de las mujeres de la realeza. En consecuencia, los historiadores antiguos afirman que el rey era elegido por sus virtudes y no por su descendencia.

Los historiadores clásicos de Roma hacen difícil la determinación de los poderes del rey, ya que refieren que el monarca posee los mismos poderes de los cónsules. Algunos escritores modernos creen que el poder supremo de Roma residía en las manos del pueblo, y el rey sólo era la cabeza ejecutiva del Senado romano, aunque otros creen que el rey poseía los poderes de soberanía y el Senado tenía correcciones menores sobre sus poderes.

Lo que se conoce con certeza es que sólo el rey poseía el derecho de auspicium, la capacidad para interpretar los designios de los dioses en nombre de Roma como el jefe de augures, de forma que ningún negocio público podía realizarse sin la voluntad de los dioses, dada a conocer mediante los auspicios. El rey era por tanto reconocido por el pueblo como la cabeza de la religión nacional, el jefe ejecutivo religioso y el mediador ante los dioses, por lo cual era reverenciado con temor religioso. Tenía el poder de controlar el calendario romano, dirigir las ceremonias y designar a los cargos religiosos menores. Fue Rómulo quien instituyó el cuerpo de augures, siendo él mismo reconocido como el más destacado entre todos ellos, de la misma forma que Numa Pompilio instituyó los pontífices, atribuyéndosele la creación del dogma religioso de Roma.

Más allá de su autoridad religiosa, el rey era investido con la autoridad militar y judicial suprema mediante el uso del imperium. El imperium del rey era vitalicio y siempre lo protegía de ser llevado a juicio por sus acciones. Al ser el único dueño del imperium de Roma en esta época, el rey poseía autoridad militar indiscutible como comandante en jefe de todas las legiones romanas. De la misma forma, las leyes que salvaguardaban a los ciudadanos de los abusos cometidos por los magistrados con imperium aún no existían durante la etapa monárquica.

El imperium del rey le otorgaba tanto poderes militares como la capacidad de emitir juicios legales en todos los casos, al ser el jefe judicial de Roma. Aunque podía designar pontífices para que actuasen como jueces menores en algunos casos, sólo él tenía la autoridad suprema en todos los casos expuestos ante él, tanto civiles como criminales, tanto en tiempo de guerra como de paz. Un consejo asistía al rey durante todos los juicios, aunque sin poder efectivo para controlar las decisiones del monarca. Mientras algunos autores sostenían que no había apelación posible a las decisiones del rey, otros opinaban que cualquier propuesta de apelación podía ser llevada ante el rey por un patricio, mediante la reunión de la Asamblea de la Curia.

Otro de los poderes del rey era la capacidad para designar o nombrar cargos u oficios, entre ellos el de tribunus celerum que ejercía tanto de tribuno de los Ramnes (romanos), como de comandante de la guardia personal del rey, un cargo equiparable al de prefecto del pretorio existente durante el Imperio romano. Este cargo era el segundo al mando tras el propio monarca, y poseía la potestad de convocar la Asamblea de la Curia y dictar leyes sobre ella. El tribunus celerum debía abandonar su mandato a la muerte del monarca.

Otro cargo designado por el rey era el prefecto urbano, que actuaba como el guardián de la ciudad. Cuando el rey se hallaba ausente de Roma, este cargo recibía todos los poderes y capacidades del rey, hasta el punto de acaparar el imperium mientras se hallase dentro de la ciudad. Otro privilegio exclusivo del rey era el de designar a los patricios para que actuasen como senadores en el Senado.

Bajo el gobierno de los reyes, el Senado y la Asamblea de la Curia tenían en verdad poco poder y autoridad. No eran instituciones independientes, en el sentido de que sólo podían reunirse, y de forma conjunta, por orden del rey, y sólo podían discutir los asuntos de estado que el rey había expuesto previamente. Mientras que la Asamblea curiada tenía al menos el poder de aprobar leyes cuando el rey así lo concedía, el Senado era tan sólo un consejo de honor del rey. Podía aconsejar al rey sobre sus actos, pero no imponerle sus opiniones. La única ocasión en que el rey debía contar expresamente con la aprobación del Senado era en caso de declarar la guerra a una nación extranjera.

Las insignias y honores de los reyes de Roma consistían en 12 lictores portando las fasces que contenían hachas, el derecho a sentarse sobre la silla curul, la Toga Picta púrpura, calzado rojo, y diadema plateada sobre la cabeza. De todos estos distintivos, el más destacado era la toga púrpura.

La elección del rey

Una vez que el rey fallecía, Roma entraba en un periodo de interregno (interregnum). El Senado podía congregar y designar un interrex durante un corto periodo (normalmente, menos de un año) para poder mantener los auspicia sagrados mientras el trono estuviera vacante; en vez de nombrar un sólo interex, el Senado nombraba varios que se sucedían en el tiempo hasta que se nombraba a un nuevo monarca. Cuando el interrex designaba a un candidato para ostentar la diadema real, presentaba al mismo ante el Senado, el cual examinaba al candidato y, si aprobaba su candidatura, el interregno debía congregar a la Asamblea curiada y servir como su presidente durante la elección del rey. Esta institución pasó a la primera etapa de la República, cuando la monarquía fue abolida con la expulsión de Tarquinio el Soberbio, y entraba en acción cuando los cónsules morían durante el ejercicio de su cargo antes de poder celebrar las elecciones consulares.

Una vez propuesto a la Asamblea curiada, el pueblo romano podía aceptar o rechazar al candidato. Si aceptaba, el rey electo aún no podía asumir el trono de forma inmediata, sino que debían sucederse otros dos pasos más antes de ser investido con la autoridad y el poder reales. En primer lugar, debía obtener la aquiescencia divina, siendo convocados los dioses mediante los auspicios, ya que el rey había de ser el sumo sacerdote de Roma. Esta ceremonia era dirigida por un augur, quien conducía al rey electo hasta la ciudadela, donde el augur sentaba al rey en un sitial de piedra, mientras el pueblo esperaba a sus pies. Si era encontrado digno para el reinado, el augur anunciaba que los dioses habían mostrado señales favorables, confirmando de esta forma el carácter sagrado del rey.

El segundo paso que debía llevarse a cabo era la concesión del imperium al nuevo rey. El anterior voto de la Asamblea curiada sólo había determinado quién podía ser rey, y no era válido para otorgar los poderes precisos del rey sobre el candidato electo. Por tanto, el mismo rey proponía a la Asamblea curiada una ley (lex curiata de imperio) por la cual obtenía el imperium, que era concedido al monarca mediante el voto favorable de la misma. La razón para este doble voto de la Asamblea curiada no está muy clara. El imperium sólo podía ser conferido a la persona que los dioses habían hallado favorable, siendo por tanto necesario determinar primero quién había de ser la persona que era capaz de obtener el imperium, y cuando los dioses se mostrasen favorables al candidato, habría de concedérsele el imperium mediante un voto especial.
En teoría, el pueblo romano era quien elegía a su líder, si bien el Senado tenía casi todo el control sobre el proceso electoral.


Fueron siete los reyes que ,tradicionalmente se cree, mandaron sobre este periodo aunque se duda de la existencia de los cinco primeros:

  • Rómulo 753 a. C. al 716 a. C.
  • Numa Pompilio 715 a. C. al 674 a. C.
  • Tulio Hostilio 673 a. C. – 642 a. C.
  • Anco Marcio 642 a. C. – 617 a. C.
  • Tarquino Prisco 616 a. C. – 579 a. C.
  • Servio Tulio 578 a. C. – 535 a. C.
  • Tarquinio el Soberbio 535 a. C. – 509 a. C.
El momento clave en la desaparición de la monarquía sucedió cuando permitió la violación de una patricia romana por su propio hijo. Un pariente de la chica convocó al senado que decidió la expulsión del rey, el fin de la monarquía y el comienzo de una nueva época.

lunes, 9 de noviembre de 2009

origen mitológico de Roma




La mitología romana nos dice que, varios años después de que Eneas desapareciera en una misión encomendad por los dioses, el trono de Alba Longa pasó a manos de Numitor, quien tenía varios hijos y un hermano llamado Amulio, quien un día decidió derrocarlo para ocupar su lugar. Para que sus sobrinos no reclamaran el trono, resolvió eliminarlos a ellos también, excepto a Rea Silvia, la única sobrina mujer, a la que encerró en el templo de las vestales dedicado a la diosa Vespa, para que se volviese sacerdotisa.
Como toda sacerdotisa, Rea Silvia debía permanecer casta y pura, de lo contrario correría el riesgo de ser castigada y hasta enterrada viva. Sin embargo un día cayó bajo los encantos del Dios Marte, quien también se enamoró de su belleza; de esta unión nacerían Rómulo y Remo.
Cuando el actual rey de Alba Longa, su tío Amulio, se entera de este acontecimiento, manda a arrojar a Rea Silvia al río Tiber y a los dos gemelos colocarlos en una canasta y dejarlos a la deriva en la corriente del río.
El dios Tiberno sintió lástima por Rea Silva, así es que la salvó y la volvió su esposa, otorgándole la inmortalidad.
Después de un largo tiempo por la corriente del río, la canasta con los bebés quedó atascada en una orilla, y fue encontrada por una loba que oyó su llanto, y viendo que los pequeños morían de hambre decidió amamantarlos.
El dios Marte fue testigo del crecimiento de los niños, quienes habían caído en total cuidado de la loba, que los había acogido como hijos propios. Sin embargo Marte comprendió que los gemelos necesitaban del calor humano para desarrollarse, por lo que asignó al pastor Faustulo y a su esposa Laurencia su cuidado. Ellos fueron quienes les dieron los nombres de Rómulo y Remo a los gemelos.
Cierto día en que se realizaba un festejo celebrando al dios Pan, una banda de ladrones tomó prisionero a Remo y, al cabo de unos días, lo llevaron ante Amulio, culpándolo de saquear en las tierras de Numitor, por lo que Amulio respondió:
- Si los saqueos ocurren en tierras de Numitor, pues entonces que se encargue él de
castigarlos.
Así que los ladrones llevaron a Remo ante Numitor, quien al verlo reconoció el rostro de su madre, Rea Silvia, por lo que ordenó a los hombres a retirarse para dejarlos a solas. Al momento llegaron Rómulo y Faustulio. Numitor los acoge con alegría en sus tierras y cuando Rómulo y Remo descubren que sus tormentos pasan por la tiranía de Amulio, deciden que su abuelo debe ser restituido al trono que le fue robado.
Armaron un pequeño ejército con el que atacaron por sorpresa el palacio de Amulio y le dieron muerte. Finalmente Numitor volvió a reinar y Rómulo y Remo decidieron fundar una nueva ciudad en el lugar donde fueron encontrados por la loba. Sin embargo se presentó un problema al momento de decidir el lugar exacto y quién de los dos debería ser el monarca de las tierras, ya que consideraban que ambos valían por igual.
Numitor les aconsejó estar atentos ante los presagios.
Mientras tanto Rómulo se instaló en la cima del Palatino y Remo en la del Aventino.
Remo vio seis buitres volando sobre el lugar, e interpretó esto como la señal del lugar indicado, pero Rómulo vio doce buitres volando sobre el Palatino. Sin ninguna duda la colina del Palatino debía ser el lugar indicado para la fundación de la nueva ciudad, y él sería el monarca.
Rómulo, rápidamente, tomó un arado y trazó los límites de la ciudad y comenzó a construir una muralla a su alrededor. Remo, despechado por no haber sido el elegido, se emborrachó y comenzó a burlarse de Rómulo.
Rómulo se irritó tanto que no pudo contenerse, tomó una espada y en el fragor de la lucha mató a Remo. Al momento Rómulo advirtió que la misma suerte tendría cualquiera que se atreviese a desafiarlo o a traspasar la muralla de su ciudad. Pero Rómulo no estaba feliz por lo ocurrido, sino que en su desesperación por haber matado a su hermano gemelo hasta pensó en quitarse la vida.
Pronto comprendió que no había nada que pudiera hacer y sepultó a su hermano con todos los honores en la cima del monte Aventino.
Más tarde, tomó posesión de su nueva ciudad. En honor a su hermano la llamó Roma.
Se dice que Rómulo reinó durante treinta y tres años.
Roma se expandió y prosperó tanto que a Rómulo le concedieron el título de Padre de la Patria.
Cuando llegó su hora final, el dios Marte le pidió a Júpiter un lugar entre los dioses y, como Rómulo había hecho construir bellos templos dedicados a Júpiter, este accedió sin poner obstáculos.
Cuenta una leyenda, que un día en que Rómulo estaba en el Monte Palatino, Marte descendió del cielo en su carro con alas y se lo llevó volando. Júpiter, en ese momento desencadenó una fuerte tormenta cuyos truenos y rayos hicieron temblar a los presentes.
Rómulo, antes de partir, había ordenado que construyeran un templo en el monte Quirinal en su memoria y cuando Rómulo ascendió a los cielos le dieron el nombre de dios Quirino.
Rómulo logró así un lugar entre los dioses, pero extrañaba a su esposa Hersila y pidió para ella el Don de la inmortalidad.
Los dioses le concedieron el pedido y Hersila se transformó en la diosa Hora.